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No pretendo convertirme en el blanco de las críticas, pero voy a hacer una confesión hiroshímica que despertará la ira de muchos: voy a dignificar a tantísimos escritores, periodistas y editores que contarán su verdad, dejando al desnudo esos cientos de best sellers que no fueron escritos por célebres autores sino por célibes «negros editoriales».

Irán a buscarme todos los editores de Buenos Aires y hasta los de Teherán. Lanzarán una yihad contra mi escuálida persona, como hicieron con Salman Rushdie. Sería lícito pensar que si publico ese libro contaría con un ejército de «negros editoriales» que —agradecidos por sacarlos por primera vez de las sombras— me defenderían con bravura.

AA.VV.

En la cubierta, debajo del título, figurará «AA.VV.» no por «Autores Varios» sino por «Anónimos Varios». Y no porque tenga intención de preservar sus nombres, sino por el contrario debido a que son tantos que prefiero nombrarlos uno a uno dentro del volumen. Voy a blanquear la situación de tantos colegas talentosos y explotados que no tiene voz.

En voz en off, docenas de ellos me han relatado experiencias dignas de la Historia universal de la infamia. Arderá Troya y el magma de la verdad hará correr ríos de tinta y sangre. El Watergate será un poroto al lado de estas revelaciones, porque como dijo el genial Antonio Porchia «La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas».

El libro blanco de los negros editoriales

El último capítulo ya está escrito, es el mío porque yo también fui uno de ellos. Confieso que hice de «negro editorial» con el agravante que además me obligaron a trabajar en negro, escribiendo novela rosa. El farsante que me convocó —no digo contrató sino convocó— hoy en día es un mediático novelista millonario que no sabe escribir ni su propio nombre.

Fantaseo con la idea de ver publicado ese libro-bomba por una editorial de Colonia. Ya estoy tramitando la ciudadanía uruguaya, mi única duda es si será buena idea exiliarme en un país tan chiquito y cercano, porque habrá al menos media docena de exitosos pseudoescritores que —con los millones que les hice ganar— contratarán esbirros con GPS satelital.

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