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Como sabrán, el Finnegans Wake es sin duda una de las obras más complejas de traducir, corregir y leer jamás escritas en lengua inglesa. Fue publicado en 1939 por la editorial londinense Faber & Faber. Recién en junio de 2016 la prestigiosa editorial argentina El cuenco de plata publicó la primera traducción íntegra al español, a cargo de Marcelo Zabaloy.

Cuando llega a manos de un corrector una obra de esta dimensión, solemos rogar a San Lorenzo de Almagro que obre un milagro y la gente de la editorial diga algo así como: «No es tan urgente». Pero, en el fondo, todos sabemos que los milagros no existen. La respuesta de la editorial suele ser «Es muy pero muy urgente». Seis días y medio. Seis días y miedo.

Séptimo día, no descansaré…

No, no es un guiño al espectáculo homenaje a Soda Stereo que por estos días el Cirque du Soleil presenta en el mítico Luna Park de Buenos Aires. Simplemente se trata de la cruda realidad. Disponemos de seis días y medio para la odisea de corregir bien los arcanos del Finnegans Wake de Joyce, el libro imposible, el libro esperado, una verdadera prueba de fuego.

El máximo desafío posible para demostrar la habilidad y experiencia de un corrector he llegado. Detectamos sutilezas, ambigüedades, polisemias, equívocos, neologismos intraducibles, onomatopeyas, juegos de palabras… ¡un festival del lenguaje! El trabajo ideal para consultar con editores y traductores aplicando todos nuestros conocimientos y pasión.

Multiple Joyce

La editorial exige simplificar al máximo, no hay tiempo para disquisiciones. Dicen que Dios descansó al séptimo día luego de crear el mundo, pero el corrector es ateo. El séptimo día debe estar más lúcido e hiperactivo que nunca porque es el de la entrega. Sabe que puede dar muchísimo más de sí, pero otro dios —Cronos— es implacable y sobre todo muy cruel.

Seis días y medio después de contener la respiración, exhalé un larguísimo suspiro. Gracias, Joyce. Perdón, Joyce. En un delirio postraumático me imaginé tomando una pinta de cerveza con vos en un pub de Dublín. Después de la tercera ronda te confesaba que siempre adoré tu maestría literaria, pero que anoche tuve ganas de apuñalarte. No sos vos, soy yo.

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